Me encontraba sentada comiendo una hamburguesa, Le Cordon Blue, en un local de Aviación. Saboreando ese delicioso manjar chatarresco cuando vi llegar a una pareja de enamorados, amantes o quién sabe que, ya que ahora hay tantos títulos! se sentaron uno del lado del otro en una mesa pequeña, ambos apretados, yo los observaba discretamente, pensaba en lo incómodo de la situación. Me distraje en mis pensamientos, pensando en cualquier cosa que se me viniera a la mente, en lo rico de la hamburguesa, en el dolor que me daría después tanta grasa, en el frio del clima, en la película que vería, en cosas de la vida.
Cuando de pronto mi concentración se perdió, aquella parejita tan dulce estaba dando un espectáculo. Se comenzaron a besar apasionadamente, se tocaban de todas las formas posibles (indevidas). Se notaba en sus miradas lujuria, el deseo desmedido del uno al otro, y que sino fuera por los presentes se poseerían en el acto.
Me enojé, los miré de forma despectiva, pensando en lo vulgares que eran al plantar tremendo espectáculo, que no tenían decencia y que eran unos impúdicos. Pero luego repentinamente pensé que quizá mis pensamientos no eran tanto porque estaban en contra de la decencia sino más bien porque estaba algo envidiosa porque no era yo a la que besaban y deseaban, porque yo no tenía pareja y porque nadie me miraba de esa manera. Que envidiosa eres me dije, déjalos ser, deja de mirarlos y sigue con lo tuyo.
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